Estoy seguro de que todo el mundo ha podido sentir en algún momento de su vida una pizca de celos en su relación de pareja. Puede que lo hayas experimentado con alguna pareja en concreto, o con todas.

Si bien es cierto que hay casos en los que los celos son comprensibles a consecuencia del comportamiento del otro o por hechos que nos demuestran que puede haber un engaño o infidelidad real, también lo es que hay personas que viven y sufren los celos de una forma enfermiza y generalizada sin que haya motivos reales. En muchas ocasiones se crean en el pensamiento de quien los sufre y lo que imaginan no tiene nada que ver con la realidad ni con el modo de actuar del otro.

Aquellos que lo sufren sienten una mezcla entre la necesidad de poseer a la otra persona y la sensación constante de que pueden perderla. La base de los celos está en el miedo a la infidelidad y a ser abandonado.

Muchas personas que los padecen, al analizar objetivamente la situación que los provocan son conscientes de que no tendrían que sentirlos, que la situación en sí no debería de alterarles lo más mínimo, puesto que confían en el otro y no les da motivos para desconfiar y sufrir esa tortura.

Las razones por las que acostumbramos a tener celos son:

  • Miedo a perder a la pareja con las consecuencia que esto acarrea: soledad y abandono. Esto va ligado a que nos sentimos poco valorados para el otro. Si consideramos a la otra persona como lo más importante que tenemos en nuestra vida, la idea de perderla, con todo lo que nos hemos esforzado para tenerla, abe un abismo entre nosotros. Más aún cuando el otro potencia nuestra necesidad afectiva. Además habría que añadir la humillación que sentiríamos ante los demás si nuestra pareja nos engaña con otra persona. No queremos ni imaginárnoslo, ya que quedaríamos ante ellos ante ellos como poco importantes y poco valiosos, lo cual minaría mas nuestra autoestima.
  • Los celos se mezclan con el sentimiento de posesión. Necesitamos sentir la seguridad de que el otro “es nuestro” y por ese motivo algunos lo proclaman a los cuatro vientos a través de las redes sociales. No es más que un acto para ahuyentar a posibles adversarios que amenacen nuestra estabilidad afectiva.
  • También los relacionamos con el hecho de dejamos de ser su centro de atención. El celos@ tiene una necesidad enorme de sentir que es lo más importante en la vida del otro, que tiene que ser su prioridad en todo momento, por encima de todo lo demás. Ello conlleva una demanda constante de atención y afecto que al no ser saciada en la cantidad exigida, ya se interpreta como una disminución del amor que el otro siente y puede empezar a activar conductas e interpretaciones irracionales.

Cuando los celos nos afectan de una manera desmesurada e incontrolable para nosotros, con destructivas consecuencias para la relación, es muy importante que pidamos ayuda terapéutica para aprender a controlarlos y hacer un cambio lo antes posible.

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